Sumergido en el pasado, Kazuma Kurose es un ejemplo de alguien que siempre está sombrío, sin esperanza, sin sueños y que nunca ha sentido amor. Un día, mientras reflexionaba sobre su pasado en la escuela secundaria, recordó a Haruka Mizuki, una joven mujer que se había convertido en una actriz famosa y que era una vez su amiga. Mientras se preguntaba qué habría cambiado si hubiera podido regresar a sus días de escuela secundaria, conoció a un dios.